Monday, January 26, 2009

Ni un paso atras

De novo, e van xa veces dabondo, outro vello gaseiro de 31 anos de antiguedade (6.01.77), ve imposibilitada a súa entrada a ría, prevista para este domingo, polas condicións meterolóxicas.

Como é habitual, o Comité Cidadán de Emerxencia para a Ría de Ferrol, convoca:

CONCENTRACION

Luns, 26 de Xaneiro, ás sete da tarde.

diante do Edificio da Xunta de Galicia

Praza Amada García (ao lado da Praza de España) Ferrol.

O Gaseiro , que fará o nº 40 dos arribados a Reganosa, - se consegue chegar - ten as seguintes características:

Nome.- LNG Larbi Ben MHidi - Bandeira .- Argelia - Eslora.- 281.7 m - Manga.- 41.6 m

Calado Máximo.- 10.8 m - Capacidade.- 129.767 m3 - Ano Construcción.-06/01/1977

¡ PLANTA DE GAS FORA DA RÍA ¡

Saturday, January 24, 2009

musica para los pies

ReverbNation Player

Por Manuel Rivas



Querido Golf Oscar Delta: Me alegra que existas. Me alegra que se
confirme la ecuación visionaria de Frank Drake sobre la estimación de
civilizaciones en la Vía Láctea. Me alegra haber conocido a un paisano
que trabajó de limpiador en el gigantesco radar de la Universidad de
Cornell y me adiestró en las claves de la radioastronomía. Me alegra
que tengas sentido del humor, por esa despedida en tu mensaje: “Si el
teléfono no suena, soy yo”.

El planeta no se llama Galicia. El planeta es Tierra. Galicia es mi
tierra, dentro de la Tierra. Pero Galicia está y no está en Galicia. Es
un lugar y un deslugar. Como lugar, Galicia es pequeña. Bueno, depende.
Es suficientemente grande. Galicia está al oeste de Europa, en la
Península Ibérica. Forma parte de España, con un gobierno autónomo, y
está al norte de Portugal. El gallego es español tranquilamente, pero
si se pone tremendo puede exclamar: “¡Menos mal que nos queda
Portugal!”.

A los gallegos les gusta poner nombres. Los geógrafos antiguos llamaban
“bellas durmientes” a los territorios incógnitos. Una bella durmiente
se despierta cuando le pones nombre. La tierra gallega, desde las
montañas orientales hasta los fondos marinos, es un manuscrito miniado
que no tiene margen en blanco. La toponimia es nuestra obra maestra
literaria. La letra de un cósmico hip-hop. En un lenguaje estándar
utilizamos 3 mil o 5 mil palabras. Sólo en cuanto a núcleos de
población, la mitad del total de España, hay 250 mil nombres de lugar,
y sin incluir bares, bodegas, mesones y tabernas, que eso ya es un
mapamundi, una obra abierta, una gran estela de la emigración
retornada. Eso explica que en la ronda de bares por un pueblo, digamos
Vimianzo, pases del London al Montevideo, y del Montevideo al Zurich, y
del Zurich al Happy Day, y de allí al Hilton, para terminar en el Por
la Vía Rápida. El señor Ricardo, que atiende la barra, fue boxeador en
Venezuela. A los clientes les trata de intelectuales, sea cual sea el
oficio. Si un día vienes, con tus orejas puntiagudas y tus ojos de pez,
de gran angular, el señor Ricardo te dirá con toda naturalidad: ¿qué le
pongo, señor intelectual?

Me gustaría regalarte por radioastronomía algunos topónimos de aldeas
siderales. Tenemos un Transmundi. Y un Extramundi. Y valles que llevan
el nombre de Mar, Amor, Ouro o Silencio. Y un Pico Sacro y una Boca do
Inferno. Uno de mis preferidos es el de una floresta rayana con
Portugal: A Fraga de Escuro Vermello (El Bosque de Oscuro Rojo). Mi
bosque marciano en Galicia.

El ser vivo con más nombres en Galicia es el vagalume. Para la ciencia,
Lampyris nocticula. La luciérnaga. Vagalume significa fuego errante.
Pero se han recogido casi cien denominaciones. Algunas preciosas, todas
metáforas: vella do caldo, lucencú, verme da noite, corcoño... ¿Por qué
esta fijación del gallego hacia este pequeño insecto? Todas las formas
emiten luz, incluso los huevos. Pero la luminosidad es especialmente
intensa en la hembra. La más hermosa oración laica, de Aquilino
Iglesias Alvariño, dice: “Danos, Señor, un techo bajo el que cantar y
un camino de luciérnagas...”

Me gustaría enviarte un vagalume.



GALICIA, DESDE EL CIELO, A MEDIDA QUE reduces la distancia sideral,
puede verse como una congregación de luciérnagas. Ciudades, pueblos,
aldeas, lugares, hasta ese cuarto de millón de núcleos habitados,
muestran una puntillosa intervención humana en un paisaje de pizarra,
piedra, verdor y mar. Mucho mar. Galicia tiene 30 mil kilómetros
cuadrados de superficie y 1200 kilómetros de costa. El mar peleón de
los altos acantilados y el mar que penetra por las venas, tierra
adentro. Nuestro mejor camino. Casi todo llegó y se fue por el mar. Al
Norte hay una isla que se llama Irlanda. Enfrente, un gran continente
que se llama América. Las luciérnagas tienden a apagarse en el
interior. Van concentrándose en la orla del mar. Por un lado, Galicia
se despuebla. Las dos grandes urbes gallegas, Vigo y La Coruña,
nacieron siendo nidos de pescadores. Ahora son polos de una gran ciudad
difusa. No es ciencia ficción. Pronto veremos una ciudad, quizá llamada
Atlántida, que se extenderá desde Ferrol hasta Oporto.



ESE MOVIMIENTO DE LUCES, QUE SE dispersan y agrupan, refleja una
encrucijada sociológica. Cortocircuitos culturales. Contrastes y
fusiones estéticas. Un gran puerto con retaguardia campesina. Una gran
aldea que desciende al mar. Atlántico Norte Mediterráneo. Clima
variable, gallego variable, Galicia variable. Por una carretera de
curvas, un coche turbodiésel adelanta a un tractor que adelanta a un
carro. Aceleración. Derrapaje. Sirenas. Tanatorios. Hiperferias.
Verbenas. Pinchadiscos. Arqueología industrial. Pop-feísmo
arquitectónico. Museo etnográfico. Body-art. Ondiñas veñen, ondiñas
van. Piedras eternas.

Puedes observar todo eso a la vez con tus ojos de pez, de gran angular.

El antropólogo dice: “Galicia es un mundo”. El gallego, cuando se pone
cascarrabias, dice que Galicia es el culo del mundo. Sería un bonito
culo. Cualquier parte del mundo puede ser el culo del mundo. Depende.
Hay días. Hay siglos buenos y malos. Durante mucho tiempo, para las
civilizaciones mediterráneas, Galicia fue el fin de la Tierra. Tenía
enfrente el Mar Tenebroso, o sea, el Atlántico, y ahí se acababa todo,
salvo para los de Fisterra, que creían que el cabo era el muelle de
embarque hacia el más allá. Se cuenta que Julio César, el jefe del gran
Imperio Romano, se acercó al far west gallego para ver cómo moría el
sol crepitando en la fragua del océano, etcétera. Aquel imperio se
hundió, pero Fisterra sigue ahí. Con su muelle, su faro legendario, una
sirena que mugía en la bruma como una vaca y un cementerio futurista en
el cabo.

Ahora, Galicia es y no es un far west. Un tal Pedro Fariña cobró, en
1736, 3 mil reales por llevar una carta urgente desde Santiago hasta
Madrid. Regresó a los 18 días. Ese problema, el del transporte por
carretera, se ha resuelto. Pero continúa pendiente el ferroviario. Se
habla del tren como en la California del siglo XIX. Y tenemos un
veterano presidente que admira a Búfalo Bill. Cada vez que se pone en
duda su indudable buena salud, la fauna autóctona tiembla, porque sale
de caza para acallar rumores. Ese es un toque far west.

Cuando se explica, parece que el gallego tiene que luchar contra la
idea de Galicia como tierra remota. La distancia, tú lo sabes muy bien,
es algo subjetivo. Oí a un campesino describir así el destino de dos de
sus hijos, emigrantes: “Uno anda cerca, por Buenos Aires; el otro,
lejos, en un sitio muy raro, Frankfurt o algo así”. El sabía lo que
quería decir: ¿hay periferia y centro en el universo? Es una idea que
tiene que ver con el poder.



EN GALICIA VIviMOS

2,8 MILLONES DE humanos,

1 millón de vacas, 500 lobos, 1 oso ilocalizable y 500 millones de
árboles. Sólo de manzanos hay 77 variedades. ¿Quiénes somos, de dónde
venimos, adónde vamos? Es una buena pregunta y el título de una canción
del grupo musical más gamberro del rock español del siglo XX, los
gallegos de Siniestro Total. Sobre todo gracias al mar, el mejor camino
de la antigüedad, la humanidad gallega es un aluvión de aliens. Una
tierra de llegada. Las primeras noticias hablan de los kallaikoi, que
significaría algo así como: los que viven entre las piedras. Los
célticos. Los romanos, que pusieron el nombre: Gallaecia. Los bretones
de Maeloc. Los suecos, que en Galicia, según bonita frase del
historiador Sánchez Albornoz, “abandonaron la espada y tomaron el
arado”. Fueron derrotados, claro, por los visigodos. Los judíos. Los
musulmanes. Los gitanos. Los maragatos. En el siglo XVIII, son
catalanes los que impulsan la industria pesquera, y vascos, la de
curtidos. Pero, sin duda, el alien más célebre es el apóstol Santiago,
un pescador palestino discípulo de Jesucristo (de quien ya te informé
en el primer mensaje). El hallazgo de su sepulcro dio lugar, por
motivos religiosos, a la primera gran ruta turística del mundo: el
Camino de Santiago. El descubrimiento lo hizo un tal Paio, hace mil y
pico años, y no el actual presidente, como algunos creen. Durante
siglos, Galicia fue lo que ahora llamamos un centro cosmopolita. Además
de peregrinar, aquí se establecieron francos, genoveses, flamencos,
provenzales... Es curioso. El primer texto escrito en gallego del que
se tiene noticia aparece en un poema de autor provenzal: Rimbaud de
Vaqueiras. Es un poema de amor.

La historia se enreda muchísimo. Se reinventa hasta el disparate. El
palestino Santiago, decapitado por el poder romano, es convertido por
el poder de la época en patrón de España y capitán matamoros. Te cuento
esto porque en la tradición popular hay un cierto desapego por la
historia y una confusión bastante más divertida que las doctas
manipulaciones. Se escribe, con asombro, que “los gallegos no se
reconocen en sus antepasados gentiles”. Los habitantes de los castros
(poblados prerromanos, célticos) habrían sido los moros. Digamos que
Galicia es celta a partir del siglo XIX, cuando la historiografía
romántica crea el mito del fundador Breogán, y más aún cuando a
principios del siglo XX se funda el Celta de Vigo, club de fútbol. Pero
un texto muy antiguo, de un tal Estrabón, describe a los kallaikoi como
melenudos y amantes de la danza y la cerveza. Como los de mi generación
en el I Festival de Música Celta de Ortigueira.

A mí me gusta esta visión un poco cómica de la historia. Recuerdo una
conversación sobre el origen del puente en un pueblo. Uno de los que
discuten afirma muy convencido: “La mitad del puente es goda, y la otra
mitad, visigoda”. Una vez desengañado, el hombre sentencia: “La cagué,
pero mantengo la cagada”.

Todos somos aliens. La más hermosa definición de gallego la dio un
viejo emigrante entrevistado en televisión. Le preguntaron: “¿Está
usted orgulloso de ser gallego?”. El hombre miró al público, miró luego
a la cámara y dijo: “Estoy muy orgulloso porque gallego, gallego, lo
puede ser cualquiera”. O esta otra frase, de un marinero que ahora
trabaja de operario del ferrocarril en Nueva Zelanda: “Vi tanto mundo
que soy más gallego que nadie”.

Y es que la historia de nuestros aliens tiene una segunda parte. El país de llegada se convirtió en el país del adiós.

La estrella más popular en la tradición gallega es Venus. Tiene muchos
otros nombres: Lucero, Estrella de la Mañana, Estrella de la Claridad,
Estrella de la Abundancia o Estrella Panadera. En San Salvador de
Bahía, en Brasil, había una panadera gallega que se llamaba Estrella.
Al escritor Jorge Amado le gustaba mucho aquel pan.

Galicia está y no está en Galicia.

La fotografía más famosa de la historia de Galicia es la de una
despedida. Un tío y un sobrino lloran en el puerto de La Coruña. Lloran
porque los suyos se van. A veces pienso que también lloran porque ellos
no se van.



LA PALABRA CLAVE HOY EN EL PLANETA ES globalización. Mundialización. La
Tierra como aldea global. Se habla mucho de mercancías e información,
pero el rasgo más definitorio de esta época son las migraciones, los
éxodos masivos de gente de países pobres o en guerra hacia las
fronteras de la abundancia. Galicia pertenece hoy a ese mundo de la
abundancia, aunque sea como periferia del pastel. En cifras oficiales,
y en parámetros europeos, en Galicia hay medio millón de personas que
viven en la pobreza relativa, y un 5 por ciento de la población, en la
extrema pobreza. Esto explica que la llegada de inmigrantes sea todavía
mínima. Es muy escasa la oferta de empleo. Y el inmigrante busca, en
todas partes, pan y libertad. Así de sencillo. Como hizo el gallego.

Es un momento muy contradictorio. Galicia está en el mismo lugar
geográfico, pero ha cambiado de lugar en el mundo. Hace cincuenta años
salían transatlánticos de La Coruña y Vigo cargados de emigrantes hacia
Buenos Aires. En la Embajada y los consulados de España en la Argentina
forman ahora largas colas los descendientes de gallegos. Se ha
invertido la dirección de la flecha hacia la Tierra Prometida. Al mismo
tiempo, miles de jóvenes gallegos han marchado en los dos últimos años
a Canarias a trabajar en la construcción o en la hostelería. La novedad
es que también, y a veces por delante, van empresarios.

Galicia es aldea global desde hace tiempo. Por la intensa emigración
durante dos siglos, y hasta ayer mismo. Y por el trabajo en los mares.
La flota pesquera es la primera en Europa, y hay barcos gallegos, o de
sociedades mixtas, allí donde hay que pescar. Luis Menéndez, que ha
recorrido el mundo siguiendo el rastro de la emigración gallega, cuenta
la historia bastante alucinante de un juez de nueva York. Se llama
Segundo Díaz. Nació en una aldea rural, en Ourense. Trabajó de maletero
en el hotel Lisboa de Vigo. Se embarcó y recorrió todos los mares,
desde Shanghai hasta Rotterdam. Tenía un billete de 100 dólares en el
bolsillo cuando decidió quedarse en Baltimore y emprender una nueva
vida. Trabajó de descargador, de limpiador, de mozo de gasolinera. Por
las noches estudió Derecho. Ejerció de abogado. Luego hizo la carrera
judicial. Cuando se lo encontró Menéndez era juez presidente de la
corte de Elizabeth. Y le expuso un sueño: volver a Galicia como
navegante solitario.



DETRAS DE LA VIDA DE MUCHOS EMIGRANTES hay una novela de dolor e
ilusión. A veces tiene la forma de unas lápidas de mineros, en West
Virginia, al pie de los Apalaches; a veces, el rostro hermoso de una
mujer, en un taller de Londres, que hace invisible mending (zurcido
invisible) en la codera de una chaqueta de Dustin Hoffman. La mayor
ciudad de Galicia continúa siendo Buenos Aires. El mayor cementerio de
Galicia, el de Cristóbal Colón, en La Habana. Más de 2 millones de
gallegos emigraron durante el siglo XX. El éxodo había comenzado en
forma masiva con las hambrunas de mediados del siglo anterior,
provocadas por la peste de la patata, como en Irlanda. Ahora hay
elecciones y se discute sobre las garantías del voto de los emigrantes
censados. El resultado parece que va a depender, en buena forma, de la
Galicia de la diáspora. La oposición denunció que en la anterior
elección votaron algunos muertos. Creo que no es justo. De votar,
deberían votar todos los muertos. Celebrar mítines y colocar urnas en
lo que Rosalía llamó “el inmenso camposanto de La Habana”.

Déjame que te cuente la historia de un edema en la piel.

A principios de los años ‘60, una joven marcha desde una aldea gallega
hacia París. Trabaja duramente, en la limpieza. Vive la soledad. Al
poco tiempo, ante el espejo, ve que le ha salido una mancha en la cara.
Ningún médico es capaz de sacarla. La primera vez que regresa a Galicia
de vacaciones, años después, le desaparece la mancha. Al volver a
París, la mancha reaparece. Se casa con un obrero metalúrgico. Tienen
una hija. Cuando van de vacaciones a Galicia, a la madre le desaparece
la mancha. Cuando ya es adolescente, a la hija no le atrae ese viaje.
Al llegar a Galicia le aparece una mancha.

No es ninguna metáfora. Sólo es una historia real.

Dentro del mundo de la emigración europea hay otras en sentido
contrario. Son los hijos, educados como ingleses, franceses, alemanes o
suizos, los que quieren finalmente volver. En la Red hay un portal
donde contactan hijos y nietos de emigrantes gallegos con diferentes
experiencias (www.fillos.org).

Los gallegos somos como nos ven los demás, y al contrario. Son también
los chistes de gallegos. En nuestros chistes, de pequeños, los gallegos
eran unos fenómenos. Me gustaba mucho uno de un gallego capturado por
una tribu caníbal. Mientras le cocían en la olla, el gallego pedía más
sal y se comía las patatas de la guarnición. Al salir fuera de Galicia
descubrí con sorpresa que, en los chistes de gallegos, los gallegos
eran muy torpes. Después sabes que siempre es así. La historia se
repite. El pobre sale siempre malparado. “¡Oiga, que soy pobre, pero
honrado!” Y el otro responde: “Las desgracias nunca vienen solas”.



RECUERDO UNA LECTURA DE JOVEN QUE ME impactó mucho. Era una antología
de textos, recogida por Xesús Alonso Montero en 1974, sobre lo que
autores españoles o extranjeros había escrito sobre Galicia.
Predominaban apuntes tremendos. Yo admiraba, y admiro, a algunos. Por
eso la conmoción fue mayor. Por ejemplo, Mariano José de Larra dejó
escrito: “El gallego es un animal muy parecido al hombre, inventado
para alivio del asno”. Algunos autores del Siglo de Oro, como Góngora,
Lope de Vega o Quevedo, eran especialmente hirientes. Más lecturas. Más
impresiones de una identidad negativa. Para Paul Lafargue, autor de una
obra simpática, El derecho a la pereza, el gallego es de una estirpe
maldita por su sumisión al trabajo. “No hay tierra menos conocida ni
más calumniada que Galicia”, dice en su Viagem na Espanha (1923)
Anselmo de Andrade. He vuelto a La Biblia en España, de George Borrow,
una deliciosa obra, y allí se recoge una interesante conversación en
una fonda de Lugo. Un viajero exclama apesadumbrado: “¡Ay, Dios mío! A
bonita tierra hemos venido a parar”. Todavía me deja meditabundo la
respuesta de Borrow: “No veo por qué les parece a ustedes tan malo un
país que por su naturaleza es el más rico y abundante de toda España.
Cierto que la generalidad de los habitantes está en la miseria; pero la
culpa es suya, no de la tierra”.

La imagen es lejana. El gallego, la generalidad, ya no vive en la
miseria. Pero tengo la sensación de que, en general, el gallego
compartió siempre esa punzante contradicción formulada por aquel
curioso vendedor de biblias. Galicia nunca fue pobre. La gente, sí.
Pero, ¿la culpa?

Habría que preguntárselo a Arsenio.

Hay una cosa muy importante que también llegó por mar, en un barco
inglés: el primer balón de fútbol. Es un planeta en miniatura. El
fútbol fascina porque es una guerra simbólica. Es el gran deporte
mundial. He comprobado que a Galicia se le conoce mucho más en el mundo
desde que el Deportivo La Coruña hizo unas cuantas gestas importantes y
juega en la Liga de Campeones. La vida es así. Para crear una identidad
hay gente que tiene que escribir una enciclopedia de 50 tomos durante
50 años. El fútbol, en cambio, te crea una identidad en una tarde de
gloria, de una patada virtuosa. Arsenio, que ahora entrena a niños, fue
un hombre que invirtió algunos prejuicios en simpatía. Lo que muchos
spin doctors saben sobre Galicia se resume en dos ideas: una, los
percebes saben a Dios; y dos, si encuentras a un gallego en mitad de la
escalera no se sabe si sube o si baja. Arsenio hizo saber, de forma
entrañable, que una cosa es coger los percebes del plato, y otra, muy
distinta, del mar, y que, por una escalera, a veces se baja cuando se
cree estar subiendo.

Vayamos por tópicos.



EL GALLEGO ES CICLOTIMICO. TIENE momentos de euforia y de disforia.
Comparable con el guerrero celta, del que se dijo que era tan bravo en
la acometida como propenso al desaliento. Esa es una conclusión a la
que llegó Vicente Risco, pionero de la etnografía, después de escribir
miles de páginas sobre el carácter gallego, y pocas, lástima, sobre sí
mismo. Pero creo que es una conclusión que vale para todo el mundo,
tanto para los celtas como para los ciclistas. En Galicia hubo buenos
ciclistas. Por ejemplo, Delio Rodríguez, Alvaro Pino, que llegaron a la
cima, y Raúl Rey, que siempre llegaba de último, lo que es
complicadísimo. Te hablaba de Vicente Risco. Era un gran erudito. Sabía
más que nadie sobre el demonio. Pero cuando se le presentó delante, no
lo supo ver. Se sumó al fascismo español y escribió algunos disparates
sobre las razas que él mismo después procuró olvidar.

Galicia es morriña. Tengo morriña, tengo saudade. Es una palabra que
exportamos. Que aparece en otros diccionarios. En el de la Real
Academia Española. En el Collins inglés. Es una palabra que te regalo,
para que difundas en tu planeta, pero adminístrala con prudencia.
Morriña significa extrañar algo, nostalgia, melancolía. Está asociada a
una historia de dolor, de pérdida, de emigración. Yo escuché, en algún
centro de emigrantes, en la noche invernal de Suiza, alguna balada de
morriña que hacía trabajar a cien el corazón. Como la saudade en el
fado portugués o la morna caboverdiana. El gran baladista gallego fue
Pucho Boedo, con su grupo Os Tamara, que recorrió los salones húmedos
de los bailes de emigrantes.

Pero ten cuidado con la morriña. Le ha colgado al gallego un sambenito
de pueblo triste. Y además es un comodín que lo mismo sirve para un
discurso electoral que para un dolor de muelas.

Intentaré enviar por el emisor radioastronómico “Mi tierra gallega” cantada por Pucho Boedo.

Pucho Boedo es uno de los héroes secretos de Galicia, querido como la
voz de un pueblo. En la guerra española, que empezó en 1936 y se
prolongó en una larga dictadura, a Pucho le asesinaron a sus mayores, y
el niño se puso a cantar como un petirrojo. En el arrabaldo coruñés, la
gente suspendía las labores cuando él pasaba cantando. Y ya no paró
hasta la muerte. Hoy es un tipo venerado. Sus casetes son música
barata, de la que se vende en gasolineras y ferias. Los jóvenes músicos
llevan flores a su estatua.

Ahora que lo pienso, hay muchos héroes en la memoria sentimental del
pueblo que no figuran en los libros. Déjame citarte algunos. Está
Foucellas, un maquis convertido en leyenda, muy galán, que asistía a
los partidos de fútbol de Riazor disfrazado de cura. Lo cazaron
afeitándose en el espejo de un río y lo condenaron a morir por garrote.
La prensa destacó, no sé si en honor al reo, que se había traído para
la ocasión al “mejor verdugo”. Está Ramón Sampedro, un marinero que se
quedó tetrapléjico y que conmovió al mundo ejerciendo ante una cámara
de video lo que los tribunales le habían negado: el derecho a morir
dignamente. Otro héroe es Chichi Campos. Se murió joven. Un despido
totalmente improcedente, porque Chichi Campos era el humorista gráfico
de nuestro tiempo. Un humor crítico, heterodoxo y sutil. La vanguardia
irónica. Contra el complejo de inferioridad, Chichi publica una parodia
de anuncio publicitario: “En Suiza existe una clínica ultramoderna que
te opera de gallego por 10 mil duros”.

La fórmula de un presunto carácter gallego sería H + M = I (humor más
morriña, o melancolía, igual a ironía). Melancólicos somos todos, pero
lo que de verdad tiene prestigio en Galicia es el humor.



DEJAME QUE TE CUENTE OTRA HISTORIA Aparece en Contos da Coruña, de
Xurxo Souto. Ocurre durante un recital del grupo La Flor de la Poesía.
El público escucha con emoción el poema de un vate que tiene por tema
la desesperación de un amante no correspondido. Despechado, decide
poner fin a su vida y se arroja al asfalto desde un quinto piso. En el
límite del patetismo, el rapsoda termina: “Y el reloj en su muñeca /
latía todavía”. Entonces, de entre el público surge una voz: “¡Manda
carallo! / ¿Y de qué marca sería?”. Era la voz del gran pintor del
surrealismo marino Lugris Freire, quien un día tuvo la osadía de
subirse a un barril en el puerto, en tiempos de la dictadura, y arengar
a la muchedumbre que despedía a los emigrantes embarcados en el
“Auriga” hacia Venezuela: “¡Madres y esposas gallegas que me escucháis!
No lloréis a vuestros hijos y esposos que se van, pues aún nos queda el
Caudillo”.

Franco, el dictador, era gallego. También lo eran Pablo Iglesias, el
fundador del socialismo español, y Ricardo Mella, del anarquismo. Según
una encuesta, para los gallegos de hoy el personaje gallego más popular
del siglo XX fue Castelao.

Hay dos grandes revoluciones en la historia de la mirada gallega.
Rosalía de Castro encarna la melancolía, pero es una melancolía activa,
rebelde contra el estado de cosas. Denuncia “a los que sin razón ni
conocimiento nos desprecian”. El gallego es el negro de España.
Castelao, el padre fundador de la nación gallega, aquel hombre tan
popular muerto en el exilio, era un humorista. Es más cosas. Pero rompe
el círculo minoritario de la cultura galleguista gracias al humor. Cada
viñeta en prensa, cada estampa del álbum Nós, equivale a un fogonazo de
verdad e ironía que todavía emite luz, tantos años después.



EL CACIQUISMO NO ES UN PRODUCTO típico de Galicia, como algunos
piensan, pero arraigó por culpa del jamón. Ahora se habla mucho de los
líderes de opinión. El cacique era líder de opinión y del jamón. Un
poderoso parásito del hombre y del cerdo, que respondía en sus actos al
principio formulado por Leck: “El conocimiento de las leyes no exime de
su cumplimiento: su cocimiento, sí”. La cabaña porcina se ha
incrementado mucho en Galicia, pero el caciquismo ha tenido que
metamorfosearse para conservar el poder. Hay un poscaciquismo en el que
el valor del voto ha desplazado al jamón y hay que ganárselo: Galicia
ya no es abstencionista. En general, el comportamiento político de los
gallegos no difiere mucho del resto de Europa. La forma en que se
ejerce el poder, sí. El veterano presidente fue ministro radiactivo de
la dictadura, y eso se nota. Ha cocido un menú populista con muchos
ingredientes típicos. La elección es democrática, pero la realidad,
intimidatoria.

Galicia envejece. Castelao decía: “El gallego no protesta, emigra”.
Ahora diría: “El gallego no protesta, no nace”. El índice de natalidad
figura entre los más bajos del mundo. El rasgo electoral más específico
es que la tendencia aparece muy ligada a la edad. No es la pertenencia
al mundo rural o urbano. La mayoría de los mayores son conservadores. Y
la mayoría de los jóvenes son reformadores. En el campo y en la ciudad.
Ocurre que la mayoría son los mayores. A un alcalde conservador le
hicieron notar que había perdido votos en su municipio. Y él respondió
con naturalidad: “No perdí votos, se me murieron”.

Me preguntas cuánto vale Galicia. Veo que sois una civilización técnicamente muy avanzada.

La catedral de Santiago, que es la gran joya de Galicia, fue tasada por
el catastro en 6 mil millones de pesetas. Se consideró una ofensa. Y no
me extraña. ¿Vale el Pórtico de la Gloria menos que el contrato anual
de un futbolista? Y eso sin contar el Botafumeiro.

Los economistas distinguen entre rendimiento y riqueza, entre cuenta de
resultados y activos. Y afirman que el rendimiento, la producción, en
Galicia no se corresponde con la riqueza, con los activos. Que Galicia
vale más de lo que parece, como le ocurre a la catedral con los del
catastro. Comparándola con situaciones similares en Europa, Galicia
está estancada. La poesía lo expresa mejor que muchos informes: “Un
paso adelante y otro atrás, Galicia”. Se mira con un ojo a Irlanda y
con otro al norte de Portugal. Se han desarrollado más. Como en los
pasos de la danza tradicional, Galicia se mueve en progresión
retardada. Pero hay que ser optimista. Hay abundante agua, el bien más
escaso del planeta. Y hay buen vino.

Me gustaría enviarte una botella de vino.

La cosecha de este año será excelente. Los vinos gallegos han mejorado
mucho. Los blancos albariño de las Rías Baixas, godello de Valdeorras o
Ribeiro figuran entre los mejores amigos del ser humano. Son
imaginativos. Y Alvaro Cunqueiro aconsejaba que, además de catarlos,
había que oírlos: en unos se escucha el mar, y en otros, el brincar de
las truchas en el atardecer del río.

Hay más milagros, donde Galicia rompe el estigma de periferia. De las
dos empresas que más facturan en Galicia, una es una multinacional
francesa que fabrica coches (Citroën, en Vigo) y la otra es una
multinacional de cuna gallega que fabrica ropa (Zara-Inditex). Amancio
Ortega, el fundador, que aparece en la lista de hombres más ricos del
mundo, comenzó su carrera textil pedaleando una bicicleta como
repartidor de una camisería coruñesa. Todo nació en un pequeño taller
de costura. Ortega es la pura intuición, y su caso se estudia en las
universidades de todo el mundo. Pero el milagro de Zara tiene otro
secreto, que no sé si lo explican en los masters. Las costureras
gallegas. Zara encontró la base en miles de mujeres cualificadas. Las
campesinas sabían coser.

LOS MILAGROS ECONOMICOS, CUANDO se basan en el ingenio y en el trabajo,
no son milagros. Hay otros casos que demuestran que el problema del
atraso de Galicia ha sido culpa del mal gobierno. Pescanova y Zeltia.
Pescanova fue pionera en la venta de pescado congelado. Pero además
puso en marcha su propio sistema de diplomacia internacional, ante la
inoperancia de la Administración. Por ejemplo, se adelantó en reconocer
a los independentistas de Mozambique y Namibia, y en constituir formas
de cooperación que no pasaran por la simple rapiña de recursos. Zeltia,
hoy una empresa puntera farmacéutica en el mundo, empezó su andadura en
la posguerra con un grupo de investigación constituido por republicanos
desplazados de la docencia.

El gallego creyó siempre en la vaca. El mundo no se vendría abajo si la
vaca estaba sana. La vaca, con su mirada pacifista, fue la que
conquistó a todas las oleadas de aliens que formaron Galicia. Ese tótem
protector se ha tambaleado por una peste causada por la codicia. Y por
la locura. La vaca carnívora. También en eso Galicia está en el mundo.
Si salva ese tótem será, de nuevo, gracias a la “invencible resignación
de la hierba”.

Hay otras tres cosas, tres fetiches que me gustaría enviarte. Son muy
antiguos y muy futuristas a la vez. Me darías la razón si los vieses.
Un amuleto de San Andrés de Teixido, una gaita y un pulpo.

Bueno, el pulpo no es una cosa. Es una criatura del mar, con toda la
pinta de proceder de otro planeta, que el gallego convirtió en
delicatessen. El marisco, emblema de la gastronomía gallega, nace de un
principio: todo ser extraño es susceptible de ser comestible. Cuanto
más raro, más rico. No hay nada en el mundo que odie más el gallego que
el pasar hambre. Disfruta comiendo, y sobre todo invitando a comer. Si
el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional estuviesen en manos
de gallegos, seguirían mandando las multinacionales, pero ten por
seguro que nadie se moriría de hambre en el mundo.

Cuando las hambrunas de 1850, coetáneas con las de Irlanda, por la
peste de la patata, y el largo período de hambre de la posguerra
española, que impulsaron grandes migraciones, la gallega juró, como
Escarlata O’Hara en Lo que el viento se llevó, que nunca, nunca jamás
ella y los suyos pasarían hambre. Y lo cumplió.

Un sueño gallego es criar en las rías la mayoría de los peces que
consume. Pronto será posible si evitase la contaminación. En los
últimos años se han multiplicado las granjas marinas. Y sería bueno que
los pescadores encontrasen un futuro en tierra sin apostar la cabeza, a
veces en semiesclavitud, donde ya nadie se la juega.

El amuleto de San Andrés de Teixido, figurillas de pan duro pintadas
con colores vivísimos, es un símbolo del animismo latente en el
cristianismo gallego.

La mayoría de Galicia se confiesa católica. Las instituciones
autonómicas, como parte del Estado español, son aconfesionales, es
decir, más católicas. Si el veterano presidente imprimiese papel
moneda, rezaría como en los billetes de dólar: “We trust in God. Y
punto”.

El primer sermón dirigido especialmente a los gallegos, De corretione
rusticorum, fue para amonestarles por creer que las fuentes, los
árboles y las piedras hablaban. Siglos después vino Rosalía de Castro
con sus poemas, y volvieron a hablar las fuentes, los árboles y las
piedras.

En cada lugar de culto pagano se alzó una ermita, un templo, un
cruceiro o un peto de ánimas. Yo creo que el gallego se hizo cristiano
por el gusto de hacer iglesias. Se ha dicho que los canteros gallegos
hicieron románico con el granito como hacían hilos de seda los gusanos
de las moreras. La más hermosa arquitectura de Galicia. Miles de
templos que fueron de piedra policromada y hoy tienen el verde y oro
que pinta la lluvia. De Galicia podemos decir lo que un personaje de un
relato de Marcial Suárez sobre Allariz: “No hay en el mundo lugar con
más iglesias por católico cuadrado”.



LA RELIGIOSIDAD GALLEGA LA protagonizan los santos. Y los santos tienen
que ser productivos. Uno de los santos más queridos es el Santo dos
Croques de la catedral de Santiago: era el mestre Mateo, el arquitecto.
Según cuenta Quico Cadaval, un sacerdote, harto de que se confundiese
la jerarquía, quiso dejar claro que en el vértice de todo estaba Dios.
Y dijo en la homilía: “¡Ya está bien de tanto San Antón, San Antoniño!
San Antón, al lado de Dios, es un mindundi”.

Con una gaita arrasarías en tu planeta. Fíjate en la forma. Te hablo de
la gaita de verdad, la que hay que tocar con todo el cuerpo. Es un
instrumento galáctico.

El gaitero es el verdadero héroe popular en la tradición gallega. Lo es
también en la modernidad. Sobre todo si es gaitera. Como Susana
Seivane, Cristina Pato y Mercedes Peón.

Al gaitero de Ventosela, una de las leyendas, fueron a recibirle miles
de personas cuando volvió de una gira por América. Bajó del barco. En
un hombro traía la gaita; en el otro, muy pinturero, un loro. En
Galicia hay 50 mil gaiteros. Cansados de tener miedo, en el último
terremoto, en Triacastela, salió un gaitero y la gente pasó la noche
bailando.

La gaita se ha subido a todos los escenarios, adaptado a todos los
estilos. Es un buen símbolo de una fecunda reinvención cultural.
Milladoiro, Carlos Núñez, Budiño, Luar na Lubre o Berrogueto son hitos
en la proyección internacional de la música gallega. Pero la última
revolución que rompe moldes en la llamada música étnica es el Isué de
Mercedes Peón.

Intentaré que te lleguen por radioastronomía otros muchos estilos,
desde el folk hasta el rap de Pinto de Herbón y Marisol Manfurada o el
hip-hop de Jarbanzo Negro o Cinco Talegos, pasando por el mix
inclasificable de A caricia da serpe, de Lino Braxe. Galicia es música.
Se dice que los gallegos son insolidarios, pero lo primero que hace un
gallego, sea donde sea, es intentar montar un grupo, aunque sea de
flamenco.

La i del alfabeto gallego es de ironía, pero también de imaginación.
Como referentes fundamentales en los últimos años, la nación Reixa y el
movimiento bravú, que dio lugar a un rock indómito, pero que se
ramifica en todos los ámbitos creativos. Una buena forma de aterrizar
en ese planeta es el portal www.bravu.net. Otro genérico, para ahondar
en la cultura gallega, es www.vieiros.com. En expresiones artísticas,
la factoría más atrevida de Galicia, totalmente autónoma, es la sala
Nasa, en Santiago. Allí, como en otros sótanos de la creación, late el
espíritu libre y carnavalesco que es el logo de la cultura y el arte
gallego desde las górgolas burlescas de los canteros y las poesías de
escarnio de los cancioneiros medievales.

En la proyección Galicia 2010 se cifran muchas esperanzas en la llamada
industria de la cultura y el entretenimiento. Las factorías de la
imaginación están conjurando el estigma de la periferia y el
provincianismo. La literatura gallega ha tenido grandes escritores,
pero ahora también tiene un público. Existe una industria audiovisual,
que produce para televisión, pero que ya se aventura en el cine. A
Galicia le hace falta cine. Verse en el cine, con sus vaqueros y sus
gangsters anfibios.

Galicia no es taurina. En el inconsciente gallego sigue vigente el
comentario de Castelao ante un cartel taurino: “¡Lástima de bueyes!”.
Hubo un torero gallego que era cojo, Celita, y otro un poco indeciso,
Caramés, al que le cantaban en La Coruña: “Sal a torear, Caramés, / no
seas torero de otoño, / mira que te están mirando / las chavalas de
Vioño”.

Galicia es televisión, como todo el mundo. El gallego se pasa una media
de tres horas ante la televisión. Gracias a la televisión hay tresillo
en casi todas las casas. La televisión gallega no es peor que las
otras, aunque hay demasiadas interrupciones publicitarias del veterano
presidente. Pero también salen Bogart e Ingrid hablando gallego en
Casablanca. Y eso puede salvar una lengua.



DICEN QUE EN UN PLAZO CORTO desaparecerá el 60 por ciento de las 8 mil
lenguas que se hablan en el mundo. El gallego no estará entre ellas.
Sobrevivirá bien. Tiene también “la invencible resignación de la
hierba”. La iniciativa más importante de los últimos años para
promocionar el gallego no ha surgido de la Administración sino en la
Red, de forma independiente, sin apoyo oficial alguno y coordinada
desde Buenos Aires por un informático argentino, Roberto Abalde,
descendiente de gallegos. El Grupo Gallego 21 es un modelo fascinante.
Una especie de ONG de la lengua gallega, con gente colaborando en todo
el mundo, desde casa o desde cibercafés. Han desarrollado, entre otros
logros, el Proyecto Rianxo (un traductor castellano-gallego para
Internet), una Biblioteca Virtual Galega y un servidor educativo
llamado Lapis de cores. Si mejora la educación, un niño escolarizado en
Galicia podrá manejarse bien en al menos tres lenguas: el gallego, el
castellano y el inglés. Y descubrirá que la suya le permitirá
entenderse bien en Portugal, Brasil, Mozambique o Timor Este.



LA HISTORIA DE GALICIA NO SE PUEDE confundir con la del galleguismo, y
menos con la del nacionalismo. Pero sin ese movimiento, Galicia
continuaría tras el río del olvido. Los ilustrados galleguistas
empezaron bien. Las Irmandades da Fala definieron así el país:
“Galicia, célula de universalidad”.

Quizá no sea casualidad del todo que tengan origen gallego dos de las
figuras que mejor encarnan una mundialización alternativa: Ignacio
Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, y el cantante Manu Chao.

En Galicia hay un sentimiento fuerte de identidad, pero no excluyente.
El independentismo es muy minoritario. Cuando es nacionalista, el
gallego prefiere un nacionalismo tranquilo. El 55 por ciento de los
gallegos se siente tan gallego como español; y un 7,8 por ciento,
únicamente gallego. Supongo que hay días. Yo a veces me siento de Nueva
Zelanda, en los antípodas, como Manuel Novoa, un gallego que vive entre
ciervos al pie del monte Cook.

Me ha emocionado tu primera pregunta y la he dejado para el final. ¿Qué tiempo hace por ahí?

¡El tiempo! Lo primero que hace un gallego al levantarse es buscar una
vista al cielo. Hay gente que hace veinte flexiones, que se preocupa
por la cotización del yen, que se santigua o que se toma un Prozac. El
gallego, no. Antes que nada, elabora su parte meteorológico. Creo que
es el único lugar de España donde la transmisión en directo del paisaje
celeste alcanzaría el máximo nivel de audiencia y competiría con
Crónicas marcianas. “Atención, señores, ¡conectamos con un vendaval en
Ortegal! ¡Ahora, un chaparrón en Escairón! ¡Magnífico orballo en
Carballo! ¡Cuando llueve y calienta el sol anda el demonio por Ferrol!
¡El valle de Fragoso, muy luminoso; el de Miñor, mucho mejor, y el del
Rosal, no tiene igual!” El gallego permanecería hipnotizado ante la
pantalla, murmurando como Baudelaire: “¡Ah, las nubes! ¡Las
maravillosas nubes!”.

La impresión general fuera de Galicia es que Galicia es lluvia. Lamentablemente, sólo llueve una media de 150 días al año.

“Isto non é Hawai, nin falta que fai!” cantaba Johnny Rotring, de Radio
Océano, abanderado de la movida atlántica. Fai un sol de carallo fue la
memorable canción de antiverano de la Galicia Caníbal de Antón Reixa.
“Al llegar el fin, que la vida nos dé un rayo de sol como último
sacramento natural”, escribe Antonio Tovar Bobillo, que se define como
“ateo solitario” en un asombroso Diario íntimo dun vello revoltado
(Diario íntimo de un viejo rebelde).

La ciencia dice: “Dentro del dominio atlántico, el clima gallego
presenta rasgos diferenciales que le asemejan a climas atlánticos
subtropicales”. Eso es. Entre los fiordos y Bora-Bora. El paraguas como
antena paranoica. El clima como metáfora. La vida como un fenómeno
atmosférico.

Un gran pintor, Pablo Picasso, que vivió dos años de su infancia en La
Coruña, se llevó como recuerdo el viento. Hay una psicología de los
vientos. Los vientos tienen nombre. El más peligroso es el que los
pescadores llaman el viento de las viudas. Víctor Omgá, un joven de
Camerún que acaba de publicar en gallego su odisea de inmigrante. As
calexas do medo (Los callejones del miedo), aprecia el repique de la
lluvia que le acompañó en la soledad de tres años clandestino. A un
compatriota suyo, maravillado por la nieve, le pasó por la cabeza
enviar un puñado por correo.



LA NIEBLA, OFICIALMENTE RESIDE EN Londres. Pero un londinense de cuna,
filólogo y traductor del gallego al inglés, Jonathan Dunne, dice que la
primera vez que vio la niebla de verdad fue al apearse de un tren en
Lugo. Se sintió en un planeta extraño. Hasta que un día, en una
cafetería, se fijó en un anciano que, a su vez, contemplaba la lluvia
por el ventanal. Llovía y llovía desde hacía rato. En un momento
determinado, el viejo se volvió y le dijo: “¿Qué? Parece que llueve”.

Me gustaría enviarte un fardo de niebla. A veces la niebla sirve para ver mejor.









Wednesday, January 14, 2009

ISRAEL - CONDENA INTERNACIONAL - PASALO

como podemos soportar algo tan terrible como una mentira que revienta la vida de las personas y deja el corazon como un foxil?
Israel no tiene ninguna justificCION para llevar a cabo el genocidio sobre el pueblo Palestino. Esto es un hecho y no debemos permitir ni la mas minima duda sobre esta brutalidad irremediable. Otra cosa es la historia del conflicto y su emponzoñada historia olagada de falacias y objetivos, la mayoria, totalmente mezquinos.

Thursday, January 08, 2009

BASTA YA SE TANTA MUERTE Y HUMILLACION

Cando o terrorismo sionista leva causado 600 mortos e 3000 feridos entre a poboación civil indefensa na Franxa de Gaza.
As organización convocantes da mobilización do pasado día 2, en réxime de auto-convocatoria, anuncian:

NOVA CONCENTRACION EN SOLIDARIDADE CO POBO PALESTINO

Venres, 9 Xaneiro, ás 20 horas.

diante do Edificio da Xunta de Galicia - Praza Amada García - Ferrol.

Acude e difunde

¡¡ Alto a masacre e ao xenocidio en Gaza !!

--
fuco buxán, a.c.
Aptdo Correos 240 C.P. 15400 Ferrol
Telef. 981325492
www.fucobuxan.com
fucobuxan@yahoo.es

Wednesday, January 07, 2009

llanto por Palestina, llanto por todos nosotros


Que insaciable es el PODER DEL MIEDO, que perversidad tan atroz la de los que hacen del dolor y de la miseria su inversion mas rentable.
Y de nuevo Palestina, y de nuevo el horror. Es insufrible escuchar argumentos, siempre vergonzantes, siempre llenos de mala conciencia, aboslutamente ambiguos hasta la nausea.
Si miramos lo que sucede no hay nadie, humano, dolorosamente humano, que pueda vivir ajeno a tanta injusticia, a tanta masacre, a tantas falacias ensangrentadas.
Quinientos, mil muertos por uno, y este uno asesinado por el llamado fuego amigo. Un pueblo sometido a un cerco, a una humiullacion inacabable, donde las vueltas de tuerca de la ignominia nos sorprenden una y otra vez, al mismo tiempo que nos insensibilizan, saturando los sentidos que garantizan lo poco que de humanos hemos conquistado despues de siglos de haber inventado la humanidad como ideal con el cual identificarnos como proyecto en el tiempo.
Lo cierto es que todo esto debe obedecer a una estrategia. A una logica aterradora: Mantener un monocultivo de rabia e impotencia como semilla de lo que en este momento se denomina Terrorismo, concepto absolutamente vaciado de significado preciso, a no ser el que, a traves de sus consecuencias, se nos presenta con total y sordida nitidez: Una accion desesperada de individuos organizados espresamente para responder violentamente a la humillacion, miseria y muerte que un sistema de cosas espande sin limites.
Pero cuyos efectos y consecuencias son administras, gestionadas y usufructuadas por el Aparato represivo, suma cualitativa de todos los Estados, Golbalizada gestion de la que todos los paises sacan partido, mientras los ciudadanos y pueblos de este Mundo se ven sometidos al silencio y a a dar su consentimiento a estos procesos de pauperizacion y represion, de control, vigilancia y represion sin limites. Sin remedio, O CIUDADANO AMORDAZADO O FALLIDO INDIVIDUO, CRIMINAL A DESTRUIR.
Pobre Palestina, pobre el Hombre, pobres, pobres...


LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

de CESAR VALLEJO


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