Tuesday, January 31, 2012

TRES EN UNA (Sobre China) en EL PAIS

SECCIONES

Tres en una

XULIO RÍOS
EL PAÍS - Opinión - 23-01-2012
China celebró el pasado octubre el primer centenario de la revolución de Xinhai. Fue en 1911 cuando tardíamente puso fin a siglos de feudalismo, abriendo camino a un nuevo republicanismo que aportaría la modernización pendiente. El gigante oriental giró 180 grados con el objetivo de "aprender de Occidente para salvar a China", aspiración que venía movilizando las mayores y mejores energías del país desde finales del siglo XIX.

Sin renegar al completo de ella, para la China continental de hoy, la revolución de 1911 se asoció a su rival Kuomintang (KMT), la fuerza nacionalista que vertebró dicho movimiento bajo el liderazgo de Sun Yat-sen. Se comprende así que las celebraciones dispuestas por Pekín hayan tenido un perfil notoriamente bajo. Naturalmente, en Taiwán, con un Gobierno continuador y depositario de la República de China fundada entonces, las celebraciones revistieron la dimensión de una gran efeméride. A pesar de tan diferentes intensidades conmemorativas, la revolución de 1911 y, sobre todo, la propia figura de Sun Yat-sen ofrecen un valioso nexo de unión entre Pekín y Taipei con capacidad para fundamentar claves que afiancen la aproximación en curso desde 2005 entre ambos viejos enemigos y, quizá, para abrir paso a la anhelada -y también controvertida- unificación.
Con independencia de las inevitables lecturas partidarias e ideológicas de este convulso pasado reciente, lo cierto es que el movimiento que se inicia en 1911 es parte de un mismo y dilatado transcurso histórico que tiene una segunda estación en 1949, año del triunfo de Mao sobre el KMT, y otra tercera en 1978, referencia del harakiri del maoísmo a instancias del propio PCCh. Ese extenso y conflictivo proceso revolucionario presenta como denominador común el ansia de la recuperación nacional de China, el fin de las humillaciones extranjeras y el logro de mayores cotas de bienestar.
Hoy, tan larga transformación está a punto de culminarse. En lo económico, convertida en la segunda potencia, China coquetea con la plena recuperación de la grandeza que exhibió hasta mediados del siglo XIX, cuando llegó a su fin el dominio del comercio mundial que había ejercido durante varios milenios. En lo político, las cosas son más complejas. A la dificultad de encuentro de las dos interpretaciones oficiales del reciente proceso histórico, vigentes a uno y otro lado del estrecho de Taiwán, se unen otros factores, internos y externos, de notable peso que pueden alargar, quizás medio siglo más, una hipotética convergencia. En cualquier caso, conviene advertir que, al menos para el continente, dicha aspiración es un objetivo irrenunciable. Probablemente, incluso para una China democratizada.
Pero lo más paradójico de lo acontecido en el siglo transcurrido es que la culminación de la hipotética modernización china discurre en paralelo al fomento del descrédito interno de Occidente. A las resistencias conocidas respecto a la idoneidad del modelo socio-político se ha unido ahora, en virtud de las incoherencias afloradas por la crisis global, la desautorización de un sistema económico reconocido como paradigma del desarrollo. Dicha circunstancia opera en un contexto que anima la recuperación de sus claves culturales más profundas, obviando aquella equiparación inicial entre decadencia y confucianismo y promoviendo la fórmula de progreso con identidad como clave superadora de las autoflagelaciones y los contenciosos ideológicos del pasado. El alcance de la modernización pone fin a la fe ciega de otrora en la occidenta-lización.
Por el contrario, sí ha echado raíces profundas una ideología nacionalista desconocida en la China imperial y ajena a una tradición cultural basada en el esplendor indiscutible del Imperio. El nacionalismo se ha ido fortaleciendo en este siglo como resultado inevitable de un doble proceso. En primer lugar, la conflictiva relación con Occidente a raíz de sus intentos de limitar la soberanía china o de condicionar su reemergencia. En segundo lugar, ante la necesidad de construir un discurso aglutinador de un universo chino fragmentado, superador de los vacíos ideológicos del presente pero igualmente capaz de justificar duros sacrificios en aras de culminar el horizonte estratégico de la modernización.
Esta última clave explica movimientos telúricos de enorme alcance e inimaginables hace solo pocas décadas. El fomento activo del confucianismo por parte del Partido Comunista en el continente o la también reciente -y un tanto trasnochada- legalización de la propaganda comunista en Taiwán, por ejemplo, no solo ilustra el acercamiento que se ha venido operando desde 2005, sino que alargan las bases para definir una nueva identidad compartida. ¿Alcanzará también dicho proceso a la aceptación común de la democracia reivindicada por Sun Yat-sen como uno de los tres principios del pueblo?
A partir de 1949, el mundo chino deambuló por dos caminos diferentes compartiendo el mismo objetivo de modernización y desarrollo. Pudiera decirse que con todas sus contradicciones y desmanes, los dos han conducido a la meta, algo realmente inédito. La yuxtaposición de las respectivas experiencias y la actualización del acervo histórico-cultural constituyen las nuevas señas de identidad de una China que ansía recuperar la autoestima desaprendiendo de Occidente.

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TRES EN UNA (Sobre China) en EL PAIS

China celebr� el pasado octubre el primer centenario de la revoluci�n de Xinhai. Fue en 1911 cuando tard�amente puso fin a siglos de feudalismo, abriendo camino a un nuevo republicanismo que aportar�a la modernizaci�n pendiente. El gigante oriental gir� 180 grados con el objetivo de "aprender de Occidente para salvar a China", aspiraci�n que ven�a movilizando las mayores y mejores energ�as del pa�s desde finales del siglo XIX.

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El alcance de la modernizaci�n china pone fin a la fe ciega de otrora en la occidentalizaci�n</p>

Sin renegar al completo de ella, para la China continental de hoy, la revoluci�n de 1911 se asoci� a su rival Kuomintang (KMT), la fuerza nacionalista que vertebr� dicho movimiento bajo el liderazgo de Sun Yat-sen. Se comprende as� que las celebraciones dispuestas por Pek�n hayan tenido un perfil notoriamente bajo. Naturalmente, en Taiw�n, con un Gobierno continuador y depositario de la Rep�blica de China fundada entonces, las celebraciones revistieron la dimensi�n de una gran efem�ride. A pesar de tan diferentes intensidades conmemorativas, la revoluci�n de 1911 y, sobre todo, la propia figura de Sun Yat-sen ofrecen un valioso nexo de uni�n entre Pek�n y Taipei con capacidad para fundamentar claves que afiancen la aproximaci�n en curso desde 2005 entre ambos viejos enemigos y, quiz�, para abrir paso a la anhelada -y tambi�n controvertida- unificaci�n.</p>

Con independencia de las inevitables lecturas partidarias e ideol�gicas de este convulso pasado reciente, lo cierto es que el movimiento que se inicia en 1911 es parte de un mismo y dilatado transcurso hist�rico que tiene una segunda estaci�n en 1949, a�o del triunfo de Mao sobre el KMT, y otra tercera en 1978, referencia del harakiri del mao�smo a instancias del propio PCCh. Ese extenso y conflictivo proceso revolucionario presenta como denominador com�n el ansia de la recuperaci�n nacional de China, el fin de las humillaciones extranjeras y el logro de mayores cotas de bienestar.

Hoy, tan larga transformaci�n est� a punto de culminarse. En lo econ�mico, convertida en la segunda potencia, China coquetea con la plena recuperaci�n de la grandeza que exhibi� hasta mediados del siglo XIX, cuando lleg� a su fin el dominio del comercio mundial que hab�a ejercido durante varios milenios. En lo pol�tico, las cosas son m�s complejas. A la dificultad de encuentro de las dos interpretaciones oficiales del reciente proceso hist�rico, vigentes a uno y otro lado del estrecho de Taiw�n, se unen otros factores, internos y externos, de notable peso que pueden alargar, quiz�s medio siglo m�s, una hipot�tica convergencia. En cualquier caso, conviene advertir que, al menos para el continente, dicha aspiraci�n es un objetivo irrenunciable. Probablemente, incluso para una China democratizada.

Pero lo m�s parad�jico de lo acontecido en el siglo transcurrido es que la culminaci�n de la hipot�tica modernizaci�n china discurre en paralelo al fomento del descr�dito interno de Occidente. A las resistencias conocidas respecto a la idoneidad del modelo socio-pol�tico se ha unido ahora, en virtud de las incoherencias afloradas por la crisis global, la desautorizaci�n de un sistema econ�mico reconocido como paradigma del desarrollo. Dicha circunstancia opera en un contexto que anima la recuperaci�n de sus claves culturales m�s profundas, obviando aquella equiparaci�n inicial entre decadencia y confucianismo y promoviendo la f�rmula de progreso con identidad como clave superadora de las autoflagelaciones y los contenciosos ideol�gicos del pasado. El alcance de la modernizaci�n pone fin a la fe ciega de otrora en la occidenta-lizaci�n.</p>

Por el contrario, s� ha echado ra�ces profundas una ideolog�a nacionalista desconocida en la China imperial y ajena a una tradici�n cultural basada en el esplendor indiscutible del Imperio. El nacionalismo se ha ido fortaleciendo en este siglo como resultado inevitable de un doble proceso. En primer lugar, la conflictiva relaci�n con Occidente a ra�z de sus intentos de limitar la soberan�a china o de condicionar su reemergencia. En segundo lugar, ante la necesidad de construir un discurso aglutinador de un universo chino fragmentado, superador de los vac�os ideol�gicos del presente pero igualmente capaz de justificar duros sacrificios en aras de culminar el horizonte estrat�gico de la modernizaci�n.</p>

Esta �ltima clave explica movimientos tel�ricos de enorme alcance e inimaginables hace solo pocas d�cadas. El fomento activo del confucianismo por parte del Partido Comunista en el continente o la tambi�n reciente -y un tanto trasnochada- legalizaci�n de la propaganda comunista en Taiw�n, por ejemplo, no solo ilustra el acercamiento que se ha venido operando desde 2005, sino que alargan las bases para definir una nueva identidad compartida. �Alcanzar� tambi�n dicho proceso a la aceptaci�n com�n de la democracia reivindicada por Sun Yat-sen como uno de los tres principios del pueblo?

A partir de 1949, el mundo chino deambul� por dos caminos diferentes compartiendo el mismo objetivo de modernizaci�n y desarrollo. Pudiera decirse que con todas sus contradicciones y desmanes, los dos han conducido a la meta, algo realmente in�dito. La yuxtaposici�n de las respectivas experiencias y la actualizaci�n del acervo hist�rico-cultural constituyen las nuevas se�as de identidad de una China que ans�a recuperar la autoestima desaprendiendo de Occidente.

Xulio R�os es director del Observatorio de la Pol�tica China.

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    China celebró el pasado octubre el primer centenario de la revolución de Xinhai. Fue en 1911 cuando tardíamente puso fin a siglos de feudalismo, abriendo camino a un nuevo republicanismo que aportaría la modernización pendiente. El gigante oriental giró 180 grados con el objetivo de "aprender de Occidente para salvar a China", aspiración que venía movilizando las mayores y mejores energías del país desde finales del siglo XIX.

    Sin renegar al completo de ella, para la China continental de hoy, la revolución de 1911 se asoció a su rival Kuomintang (KMT), la fuerza nacionalista que vertebró dicho movimiento bajo el liderazgo de Sun Yat-sen. Se comprende así que las celebraciones dispuestas por Pekín hayan tenido un perfil notoriamente bajo. Naturalmente, en Taiwán, con un Gobierno continuador y depositario de la República de China fundada entonces, las celebraciones revistieron la dimensión de una gran efeméride. A pesar de tan diferentes intensidades conmemorativas, la revolución de 1911 y, sobre todo, la propia figura de Sun Yat-sen ofrecen un valioso nexo de unión entre Pekín y Taipei con capacidad para fundamentar claves que afiancen la aproximación en curso desde 2005 entre ambos viejos enemigos y, quizá, para abrir paso a la anhelada -y también controvertida- unificación.
    Con independencia de las inevitables lecturas partidarias e ideológicas de este convulso pasado reciente, lo cierto es que el movimiento que se inicia en 1911 es parte de un mismo y dilatado transcurso histórico que tiene una segunda estación en 1949, año del triunfo de Mao sobre el KMT, y otra tercera en 1978, referencia del harakiri del maoísmo a instancias del propio PCCh. Ese extenso y conflictivo proceso revolucionario presenta como denominador común el ansia de la recuperación nacional de China, el fin de las humillaciones extranjeras y el logro de mayores cotas de bienestar.
    Hoy, tan larga transformación está a punto de culminarse. En lo económico, convertida en la segunda potencia, China coquetea con la plena recuperación de la grandeza que exhibió hasta mediados del siglo XIX, cuando llegó a su fin el dominio del comercio mundial que había ejercido durante varios milenios. En lo político, las cosas son más complejas. A la dificultad de encuentro de las dos interpretaciones oficiales del reciente proceso histórico, vigentes a uno y otro lado del estrecho de Taiwán, se unen otros factores, internos y externos, de notable peso que pueden alargar, quizás medio siglo más, una hipotética convergencia. En cualquier caso, conviene advertir que, al menos para el continente, dicha aspiración es un objetivo irrenunciable. Probablemente, incluso para una China democratizada.
    Pero lo más paradójico de lo acontecido en el siglo transcurrido es que la culminación de la hipotética modernización china discurre en paralelo al fomento del descrédito interno de Occidente. A las resistencias conocidas respecto a la idoneidad del modelo socio-político se ha unido ahora, en virtud de las incoherencias afloradas por la crisis global, la desautorización de un sistema económico reconocido como paradigma del desarrollo. Dicha circunstancia opera en un contexto que anima la recuperación de sus claves culturales más profundas, obviando aquella equiparación inicial entre decadencia y confucianismo y promoviendo la fórmula de progreso con identidad como clave superadora de las autoflagelaciones y los contenciosos ideológicos del pasado. El alcance de la modernización pone fin a la fe ciega de otrora en la occidenta-lización.
    Por el contrario, sí ha echado raíces profundas una ideología nacionalista desconocida en la China imperial y ajena a una tradición cultural basada en el esplendor indiscutible del Imperio. El nacionalismo se ha ido fortaleciendo en este siglo como resultado inevitable de un doble proceso. En primer lugar, la conflictiva relación con Occidente a raíz de sus intentos de limitar la soberanía china o de condicionar su reemergencia. En segundo lugar, ante la necesidad de construir un discurso aglutinador de un universo chino fragmentado, superador de los vacíos ideológicos del presente pero igualmente capaz de justificar duros sacrificios en aras de culminar el horizonte estratégico de la modernización.
    Esta última clave explica movimientos telúricos de enorme alcance e inimaginables hace solo pocas décadas. El fomento activo del confucianismo por parte del Partido Comunista en el continente o la también reciente -y un tanto trasnochada- legalización de la propaganda comunista en Taiwán, por ejemplo, no solo ilustra el acercamiento que se ha venido operando desde 2005, sino que alargan las bases para definir una nueva identidad compartida. ¿Alcanzará también dicho proceso a la aceptación común de la democracia reivindicada por Sun Yat-sen como uno de los tres principios del pueblo?
    A partir de 1949, el mundo chino deambuló por dos caminos diferentes compartiendo el mismo objetivo de modernización y desarrollo. Pudiera decirse que con todas sus contradicciones y desmanes, los dos han conducido a la meta, algo realmente inédito. La yuxtaposición de las respectivas experiencias y la actualización del acervo histórico-cultural constituyen las nuevas señas de identidad de una China que ansía recuperar la autoestima desaprendiendo de Occidente.

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    Tierra de saqueo

    Tierra de saqueo | Política | EL PAÍS

    Tierra de saqueo

    La Comunidad Valenciana se ha hundido. Con la mayor deuda de España, sin bancos ni cajas propios, con gravísimos casos de corrupción y un presidente dimitido y en el banquillo, la tierra que un día fue próspera y envidiada se ha convertido en el símbolo del desvarío político y la mala gestión. Esta es la historia de su caída

    15 ENE 2012 - 18:39 CET

    En julio de 2007, Valencia era una fiesta. A la sombra del edificio Veles e Vents, diseñado por el arquitecto británico David Chipperfield, y bajo una lluvia de confeti, banderas al viento y fanfarrias musicales, el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, eufóricos, daban la bienvenida a Ernesto Bertarelli, patrón del Alinghi, y flamante vencedor de la 32ª Copa del América. Tiempo de vino y rosas, de entusiasmo desbordado. Valencia en el mapa de los grandes acontecimientos deportivos mundiales y dos políticos en estado de gracia, envidiados por sus adversarios y reverenciados por sus compañeros. Mariano Rajoy, meses antes de las elecciones generales de 2008, ponía como ejemplo de buena gestión económica al Consell de Francisco Camps y remataba: "Ese es el modelo que yo quiero aplicar para el Gobierno de España". Más recientemente, en enero del año pasado, cuando ya había estallado el caso de los trajes, Javier Arenas, candidato del PP a la presidencia de la Junta de Andalucía, todavía aseguraba: "Gobernar no es gastar más, sino gastar mejor. Gobernar es imitar a Camps". El político valenciano era tenido por los dirigentes de su partido como espejo en que mirarse y modelo a seguir.

    Cuatro años y medio después de tocar el cielo con la Copa del América, Camps ya no es presidente de la Generalitat y se sienta en el banquillo de los acusados por un presunto delito de cohecho impropio. Y ya nadie quiere imitarle. La Comunidad Valenciana, antes envidia de las autonomías, da la sensación de ser la Grecia española, endeudada hasta las cejas, incapaz de cumplir sus compromisos financieros, empobrecida y sumida en una crisis institucional, financiera y económica. "Si fuéramos una caja de ahorros ya nos habría intervenido el Banco de España", asegura un dirigente del PP valenciano, "pero por fortuna no lo somos".

    Las arcas vacías no son el único problema. Los escándalos por corrupción se suceden ininterrumpidamente desde hace años infectando todo el territorio. El caso Fabra, en Castellón; Emarsa, en Valencia; elcaso Brugal, en Alicante, y, sobrevolándolo todo, el caso Gürtel, en el que se investiga la supuesta financiación irregular del PP, más su derivada del caso de los trajes de Camps. Faltaba Iñaki Urdangarin para que el deterioro fuera aún mayor. Y todavía hay escándalos que no han salido a la luz. Un empresario local se lamenta: "Es lo peor de lo peor; la imagen que tenemos en el resto de España. No nos beneficia nada".

    La Comunidad se ha convertido en una zona apestada para Mariano Rajoy, que no ha colocado a ningún valenciano ni en su Gobierno ni en ninguna de las 32 secretarías de Estado. Un veterano militante del PP está convencido de que el nuevo presidente "ha establecido un cordón sanitario para evitar que le estalle en las manos alguna bomba de relojería que todavía no se ha detectado".

    La trama Gürtel, a través de Álvaro Pérez, El Bigotes, entró a sacó en las arcas de la Generalitat y la televisión valenciana para enriquecerse sin que Camps hiciera nada por evitarlo. No fue el único método utilizado para obtener importantes ganancias a la sombra del poder. Prácticas destinadas a convertir los beneficios en privados y las deudas en públicas. Todo empezó en Terra Mítica, el parque de atracciones que levantó Eduardo Zaplana en Benidorm con el dinero de Bancaja, la CAM, algunos empresarios privados y la Generalitat. El complejo, que costó 377 millones, ha sido un auténtico fracaso. De hecho, ahora es propiedad del grupo Aqualandia, que se lo ha quedado a cambio de asumir deudas valoradas en 65 millones. Para construir el parque, el Gobierno valenciano expropió 10 millones de metros cuadrados. Sobre ese inmenso solar se edificaron Terra Mítica, un hotel de cuatro estrellas, cinco de dos y dos campos de golf. Nada fue como estaba previsto y el parque entró en suspensión de pagos, que la empresa levantó cambiando el uso de 217.000 metros cuadrados, vendidos por 85 millones al promotor Enrique Ortiz -imputado en los casos Gürtel y Brugal. El pelotazo urbanístico que se buscaba fracasó al estallar la burbuja inmobiliaria.(SEGUIR LEYENDO)








































































    EL DESVARIO
    Valencia 18 ENE 2012 - 13:17 CET






    En julio de 2007, Valencia era una fiesta. A la sombra del edificio Veles e Vents, diseñado por el arquitecto británico David Chipperfield, y bajo una lluvia de confeti, banderas al viento y fanfarrias musicales, el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, eufóricos, daban la bienvenida a Ernesto Bertarelli, patrón del Alinghi, y flamante vencedor de la 32ª Copa del América. Tiempo de vino y rosas, de entusiasmo desbordado. Valencia en el mapa de los grandes acontecimientos deportivos mundiales y dos políticos en estado de gracia, envidiados por sus adversarios y reverenciados por sus compañeros. Mariano Rajoy, meses antes de las elecciones generales de 2008, ponía como ejemplo de buena gestión económica al Consell de Francisco Camps y remataba: "Ese es el modelo que yo quiero aplicar para el Gobierno de España". Más recientemente, en enero del año pasado, cuando ya había estallado el caso de los trajes, Javier Arenas, candidato del PP a la presidencia de la Junta de Andalucía, todavía aseguraba: "Gobernar no es gastar más, sino gastar mejor. Gobernar es imitar a Camps". El político valenciano era tenido por los dirigentes de su partido como espejo en que mirarse y modelo a seguir.

    Cuatro años y medio después de tocar el cielo con la Copa del América, Camps ya no es presidente de la Generalitat y se sienta en el banquillo de los acusados por un presunto delito de cohecho impropio. Y ya nadie quiere imitarle. La Comunidad Valenciana, antes envidia de las autonomías, da la sensación de ser la Grecia española, endeudada hasta las cejas, incapaz de cumplir sus compromisos financieros, empobrecida y sumida en una crisis institucional, financiera y económica. "Si fuéramos una caja de ahorros ya nos habría intervenido el Banco de España", asegura un dirigente del PP valenciano, "pero por fortuna no lo somos".

    Las arcas vacías no son el único problema. Los escándalos por corrupción se suceden ininterrumpidamente desde hace años infectando todo el territorio. El caso Fabra, en Castellón; Emarsa, en Valencia; elcaso Brugal, en Alicante, y, sobrevolándolo todo, el caso Gürtel, en el que se investiga la supuesta financiación irregular del PP, más su derivada del caso de los trajes de Camps. Faltaba Iñaki Urdangarin para que el deterioro fuera aún mayor. Y todavía hay escándalos que no han salido a la luz. Un empresario local se lamenta: "Es lo peor de lo peor; la imagen que tenemos en el resto de España. No nos beneficia nada".

    La Comunidad se ha convertido en una zona apestada para Mariano Rajoy, que no ha colocado a ningún valenciano ni en su Gobierno ni en ninguna de las 32 secretarías de Estado. Un veterano militante del PP está convencido de que el nuevo presidente "ha establecido un cordón sanitario para evitar que le estalle en las manos alguna bomba de relojería que todavía no se ha detectado".

    La Comunidad Valenciana, antes envidia de muchos, ahora da la sensación de ser la Grecia española

    La trama Gürtel, a través de Álvaro Pérez, El Bigotes, entró a sacó en las arcas de la Generalitat y la otelevisión valenciana para enriquecerse sin que Camps hiciera nada por evitarlo. No fue el único método utilizado para obtener importantes ganancias a la sombra del poder. Prácticas destinadas a convertir los beneficios en privados y las deudas en públicas. Todo empezó en Terra Mítica, el parque de atracciones que levantó Eduardo Zaplana en Benidorm con el dinero de Bancaja, la CAM, algunos empresarios privados y la Generalitat. El complejo, que costó 377 millones, ha sido un auténtico fracaso. De hecho, ahora es propiedad del grupo Aqualandia, que se lo ha quedado a cambio de asumir deudas valoradas en 65 millones. Para construir el parque, el Gobierno valenciano expropió 10 millones de metros cuadrados. Sobre ese inmenso solar se edificaron Terra Mítica, un hotel de cuatro estrellas, cinco de dos y dos campos de golf. Nada fue como estaba previsto y el parque entró en suspensión de pagos, que la empresa levantó cambiando el uso de 217.000 metros cuadrados, vendidos por 85 millones al promotor Enrique Ortiz -imputado en los casos Gürtel y Brugal. El pelotazo urbanístico que se buscaba fracasó al estallar la burbuja inmobiliaria.

    Muchos de los grandes proyectos financiados con dinero público siguieron el mismo patrón de Terra Mítica. Se presentaron como de interés social, pero en su entorno se han venido produciendo movimientos especulativos vinculados al urbanismo. La Ciudad de la Luz, los estudios cinematográficos situados en Alicante, otro fiasco económico con un coste de 300 millones y una deuda de otros 190, ha visto como a su alrededor se han realizado dos operaciones importantes: la compra de 700.000 metros cuadrados por una firma participada por Bancaja y Enrique Ortiz, y otra adquisición de 200.000 metros cuadrados por parte de este promotor. Ambas operaciones están siendo investigadas por la policía.

    El aeropuerto de Castellón no es solo una instalación sin aviones, fruto de la quimera y de la megalomanía del cacique provincial Carlos Fabra. Desde el principio fue una operación especulativa de gran calado en la que el aeropuerto justificaba un gran proyecto urbanístico con garantía institucional que cubría las posibles pérdidas de la concesionaria. El Gobierno de Camps siempre veló por los intereses de los empresarios. Al concesionario de la línea 2 del tranvía de Alicante también se le garantizaba el 10% de los beneficios sobre la inversión realizada, con independencia de los pasajeros que la utilizaran. El actual Gobierno de Alberto Fabra ha roto el contrato con la empresa del aeropuerto y retirado el concurso del tranvía, por considerarlos lesivos para los intereses del Consell. (SEGUIR LEYENDO)



    Mapa de Salud Sexual y Reproductiva en África y España

    Artículo. Muévete con las Igualias

    Mapa de Salud Sexual y Reproductiva en África y España

    Este nuevo documento de reciente publicación, pretende ser una herramienta para la acción en favor de los Derechos Sexuales y Reproductivos en África y España. El Mapa de Salud Sexual y Reproductiva en África y España ofrece una panorámica de la Salud y los Derechos Sexuales y Reproductivos en África y España así como de los instrumentos y actores clave para hacer incidencia política en la lucha por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

    Probablemente, nada de lo que se recoge en este Mapa es nuevo. Pero lo que sí es nuevo es la forma en la que se ha seleccionado y presentado la información bajo un enfoque de acción política e incidencia, de manera que invite a la acción en la lucha por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

    La información está presentada en cuatro capítulos:

    • Situación en España
    • La cooperación española en África
    • Estudios de caso de 11 países africanos
    • Análisis regional en África.

    Además, la información de los 11 países africanos también está disponible en forma de ficha país en el apéndice III, así como a través de una base de datos interactiva en la versión online de este mapa: www.map-srhr.org

    El Mapa es el resultado del trabajo del Grupo de Salud de la Red de Mujeres Africanas y Españolas por un Mundo Mejor. Esta red es una plataforma de más de 1,500 organizaciones y personas que trabajan en España y África en la promoción de la igualdad de género y los derechos de las mujeres. Esta iniciativa está apoyada financieramente por el Gobierno de España y técnicamente por ONU Mujeres.

    Desde aquí puedes acceder al documento completo.


    Monday, January 30, 2012

    gaseiro cargado con GNL, nº 111 "LNG OYO"

    Comité Cidadán de Emerxencia para a Ría de Ferrol

    Estando prevista a entrada na Ría do gaseiro cargado con GNL, nº 111 "LNG OYO" o Comité Cidadán de Emerxencia, convoca

    El siete de septiembre del 2007 entraba por primera vez este Gasero, era el septimo, hoy es el 111. No guardaremos silencio ante la mentira que supone

    Reganosa.


    CONCENTRACIÓN

    Mercores, 1 de Febreiro 2012, ás 19 hs,

    Diante do Edificio da Xunta de Galicia

    Praza Amada García - Ferrol

    Características do buque:

    Nome.- LNG OYO, Bandeira.- Bermuda, Eslora.- 285 m, Manga.- 43 m, Puntal.-57.60 m, calado.- 12.35 m, Capacidade.- 145.914 m3

    ¡PLANTA DE GAS FÓRA DA RÍA!



    --
    Comité Cidadán de Emerxencia
    para a Ría de Ferrol
    comitecidadan@gmail.com
    www.comitecidadan.org

    Esta es la manifestacion palpable de la necedad de "nuestros dirigentes"

    Con la burbuja dejandonos sin dientes ellos y los "emprendedores" de turno muestran la granimaginacion que tienen a la hora de seguir acumulando capital: ASFALTAR Y ENLADRILLAR A TERRA NOSA.
    La Xunta recalifica 173 hectáreas en Guitiriz para un macrogeriátrico · ELPAÍS.com
    La Xunta recalifica 173 hectáreas en Guitiriz para un macrogeriátrico

    El Gobierno gallego no informó del cambio de uso de los terrenos, que aprobó en agosto - El proyecto lo acomete una pequeña inmobiliaria de Alcalá de Henares

    DAVID REINERO - Santiago

    EL PAÍS - 29-01-2012
    Una superficie equivalente a 173 campos de fútbol, en un monte en el límite del municipio de Guitiriz con el de Curtis, se convertirá en un macrocomplejo geriátrico y parque anexo con capacidad para 1.100 ancianos, de largo el mayor de Galicia. Son las dimensiones del proyecto Cidade Verde de Guitiriz que impulsa una pequeña promotora inmobiliaria de Alcalá de Henares, Avance Arquitectónico, SL, con el apoyo del Ayuntamiento y cuya tramitación acelera la Xunta desde hace medio año sin que hasta ahora haya trascendido la envergadura del plan.
    El primer documento oficial reconocido por el Gobierno gallego, a través de una respuesta parlamentaria al BNG, es del 3 de agosto pasado, apenas dos meses después de que el gobierno local pasase del PSOE al PP, cuando la Dirección Xeral de Sostibilidade e Paisaxe ya tenía listo el informe que permitía el inicio de la tramitación autonómica. Solo un día después, el 4 de agosto, sin que entonces se hiciese público ese acuerdo, el Consello de la Xunta aprobó su consideración de proyecto de incidencia supramunicipal, lo que abre la puerta a la recalificación directa de unos terrenos considerados actualmente suelo rústico de protección forestal -la mayoría destinados a plantaciones de pinos- y por lo tanto no urbanizables.
    Fue en septiembre cuando se tuvo constancia pública de la tramitación del proyecto, con su exposición a efectos ambientales durante un mes. Justo a continuación, desde diciembre y hasta el próximo 13 de febrero, está en marcha la exposición pública del resto de documentos que avalan un complejo gestionado hasta ahora con inusitada discreción.
    En los documentos ahora desvelados se detalla que el complejo ocupará 1,73 millones de metros cuadrados de suelo forestal pertenecientes a la Comunidad de Montes de Santa Mariña de Lagostelle, que según la empresa promotora ya habría solicitado a la Xunta el cambio de uso de los terrenos. En ellos, una franja alargada norte-sur de unos 3,5 kilómetros de largo por 500 metros de ancho situada junto al enlace de la N-634 Santiago-Guitiriz con la A-6, Avance Arquitectónico, SL tiene previsto levantar una residencia asistida de 10.000 metros cuadrados con 200 plazas y a lo largo de la parcela otras "900 unidades habitacionales asistidas", a modo de viviendas semiindependientes de las que no se detalla su capacidad, con una superficie de otros 54.000 metros cuadrados. El complejo, definido como "seniors resorts", contará también con centro de salud, farmacia, comedor común, hotel, albergue para jóvenes, auditorio, salones de baile, restaurante, panadería y edificio para oficios religiosos.
    Pese a lo ambicioso del proyecto, para el que se contemplan también usos turísticos, docentes y de investigación en geriatría, los promotores lo describen como "un proyecto de bajas densidades, limitada ocupación, bajas alturas, amplio equipamiento y valoración de las calidades y espacios; tanto interiores como exteriores". Será, según los documentos expuestos al público, "un verdadero espacio recuperado para el uso humano, racional y sensible. Que valora el espacio gallego, que pretende revalorizar su interior y el potencial de una área que, como muchas interiores, está en proceso de decadencia y en crecientes dificultades para prestar las atenciones necesarias".
    Semejante proyecto, toda una "ciudad" a seis kilómetros del núcleo urbano de Guitiriz, con 5.000 habitantes, y a ocho del de Teixeiro, será asumido por una empresa que en su web solo da cuenta en los últimos años de una decena de promociones de dimensiones limitadas. Ahora, deberá hacer frente a una inversión que estima en 27,8 millones de euros y un plazo de construcción que oscila entre un año y medio y tres años, según detallan dos documentos. "Debería estar en funcionamiento en 2014", concluyen.
    Preguntado por el BNG sobre su participación en el proyecto, la Xunta responde por vía parlamentaria que "en el expediente que se está tramitando no consta que la colaboración de la Xunta implique ninguna aportación económica, sino que se trata de una colaboración en su impulso y tramitación". Sin embargo, en la página 222 del informe de sostenibilidad ambiental se puede leer que además de la financiación propia de inversores particulares, se contempla una "financiación institucional a través de instituciones dependientes de la Xunta".
    La Xunta indica en su respuesta parlamentaria que en una primera fase se levantaría la "parte puramente asistencial" y "en fases posteriores podrían acometerse los centros especializados para la población envejecida". La promotora no aclara de qué dependerá la futura construcción de nuevas fases ni desglosa del total su coste o el número de viviendas.



    Pese al tamaño del complejo, el informe que presenta la promotora califica su impacto ambiental y patrimonial como insignificante o moderado, según distintas variables. El suelo urbanizado, ya sea edificado o pavimentado, supondrá "algo más del 10%" de todo el entorno, lo que supone transformar cerca de 20 hectáreas -el casco histórico de Santiago o el recinto amurallado de Lugo tienen 30 hectáreas-. Los promotores destacan que cederán como zonas verdes de uso público un 21,05% del total del ámbito, coincidente con tres grandes zonas de yacimientos arqueológicos en las que se localizan hasta cinco mámoas. En su documentación, la promotora indica que las necesidades de abastecimiento de agua cuentan con el aval del Ayuntamiento, aunque en otro punto de su plan indica que "se ha determinado la necesidad de aumentar la capacidad de almacenamiento del embalse de Guitiriz, aunque no se ha concretado, debido al carácter únicamente planificador de este documento, la forma que se llevaría a cabo". Para saneamiento, contaría con depuradora propia. Sobre fauna y flora, el informe detalla que el terreno "no se encuentra dentro de ningún espacio natural protegido, estando los más cercanos a unos 10 kilómetros" y limita los efectos del complejo al periodo de obras, y se compromete a restablecer el equilibrio ambiental. El principal efecto que subraya la promotora, en este caso positivo, es sobre el empleo. Detastaca que "durante la fase de funcionamiento tiene previsto generar empleo para unas 400 personas, lo que supondrá como ejemplo que se reduciría todo el paro registrado en Guitiriz". Ese documento también indica que "los costes indirectos a la Hacienda Pública derivados de la puesta en servicio del nuevo sector se circunscribe al mantenimiento municipal de la urbanización: infraestructuras y zonas verdes".
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